Esta es la vida de Beatriz, una chica adolescente de dieciséis años, rica, con unos padres maravillosos para ella. Ella esta feliz, porque cree que todo lo que tiene es perfecto, pero habrá algo que no la convencerá de aquello. Entonces cambiaran algunas cosas, tendrá que decidir que hacer o como reaccionar con tal cosa.
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domingo, 3 de febrero de 2013
Epílogo
Eric
Entré en la sala del parto junto a Bea, no podría dejarla sola en estos momentos. Ella me necesitaba y yo la necesitaba a ella.
Me cogió de la mano y me dijo.
-Te quiero.- y me sonrió.
Creo que era mi mejor día.
No solo porque nacía mi niña, sino que ella por fin se dio cuenta de que me quería.
Le di un beso en la frente.
Tiempo después...
Al escuchar el primer chillido de mi niña, me empezaron a salir lágrimas de la alegría. Cuando al mismo instante el médico me la entregó para sujetarla. Era tan hermosa, se parecía a su madre.
Luego se la iba a entregar, pero el médico no me dejó. Dijo que diera la bebé a la enfermera y que me quedara distante de todo esto.
Puse mi mirada hacia Bea y vi que estaba muy pálida.
No le hice caso al médico y me acerqué a ella para volver a cogerla de la mano.
-Bea, mirarme.- abrió poco los ojos y pude ver su mirada tan distante, fría.- Tienes que aguantar.- intentó sonreirme pero no podía.
Puse mi mirada esta vez al médico, el solo puso una mirada que creo que significaba algo malo.
-¿Qué pasa? ¿Por qué se ve tan mal?
-Ha perdido mucha sangre.- pude escuchar que me dijo.
-Bea, se fuerte por favor.- volvía decirle cerca del oído para que me escuchara.- Haz lo por tu hija, te necesita.
Aitana
Nada mas que la madre de Bea me llamara al móvil me fui para el hospital.
Nacía su hija, y se que me necesita. También avisé a las chicas para que nos encontrásemos allí, porque se pondría muy feliz al vernos las cuatro juntas. Como si volviésemos al pasado y recordásemos viejos tiempo de cuando estábamos juntas, unidas.
Al llegar, nos encontramos con la demás familia de Bea en la sala de espera. Saludamos a todos y estábamos impacientes para que el médico saliese de esa puerta y nos diera la noticia de que podemos entrar a ver a nuestra campeona.
Eric
El médico seguía intentado incorporarla, pero nada. Le hablaba para que abriese los ojos pero no los abría.
-Bea, se fuerte, te lo pido.- de repente los abrió.
-Cuida a nuestra pequeña...- decía bastante lento, no podía hablar casi.- serás muy... buen padre. Lo sé.- tomó aire y pude ver como le caía una lágrima.- Os quiero.- y cerró otra vez los ojos.
-¡BEA! ¡POR FAVOR, BEA!
-No se puede hacer nada.- escuché que el médico me habló.
No podía haber pasado esto, mi Bea se fue. Me acaba de dejar con nuestra hija. Con una niña que acababa de nacer y que no ha podido ver ni abrazar. MI BEA SE FUE. Se fue para siempre.
Salí con el médico hacia la sala de espera para darles la noticia. Yo no sabia ni como mirarles a la cara.
Cuando salimos estaban todos impacientes. Sus padres, tíos, primos incluso habían venido sus amigas. Supongo que se les cambió la cara al ver la mía que estaba roja y mojada por haber llorado.
Se que es difícil decir que un chico acaba de llorar, pero así fue. La chica que mas quería y que era la madre de mi hija se murió. Eso jamás me lo imaginé.
Me paré al lado del médico.
-¿Como se encuentran las dos, doctor?- habló su madre.
-La niña está en perfectas condiciones.- fue lo único que dijo, luego me miró y no pudo seguir. A mi me volvieron a salir las lágrimas.
-¿Y mi hija? ¿Ella como esta?- esta vez habló su padre.
-Su hija...- tomó aire y continuó.- Su hija perdió mucha sangre en el parto.- volvió a tomar aire.- Siento mucho, pero no se podía hacer nada.- nada mas terminar con la frase pude ver sus caras o lo poco que se veía.
Unos lloraban, otros gritaban, otros se tapaban la cara, otros se caían al suelo y yo. Yo estaba apoyado en la pared, y resbalando me poco a poco hacia el suelo. No aguantaba como me estaba sintiendo. Era tan asqueroso todo esto.
Años después...
Todavía recuerdo el día que estábamos en el hospital y que Lidia perdió a su madre.
Ha crecido tanto después de entonces. Ya tenia unos diez años y dentro de dos meses cumplía los once.
Cuando la miraba, recordaba a su madre. Incluso siempre me pregunta por ella, siempre quiso conocerla, pero ha tenido la mala suerte de no poder.
-Papá, los abuelos acaban de llegar. Ana está en la habituación con Daniel.- dijo al asomarse al despacho donde me encontraba.
-Voy a saludarles, no me tardo.- ella sonrió y desapareció por la puerta.
Y os preguntareis quien es Ana y Daniel.
Ella es la mujer que me ayudaba a ser mas fuerte, que ha estado conmigo desde que quedé solo al cuidado de Lidia. Aunque reconozco que los padres de Bea, siempre han estado pendientes de Lidia. La quieren mucho y nos acaban de venir a hacer una visita.
Daniel, el es mi hijo. Que tiene tan solo dos años. Ya es todo un hombre, aunque cueste admitirlo. Se parece mucho a mi. Rubio y le salieron los ojos azules como los de su madre.
Tenia una familia estupenda. Y eso me gustaba.
Hace años que dejé de dedicarme a ser modelo. Y formé mi propia empresa de modelos. Me va demasiado bien, Lidia no para de decirme que de mayor le gustaría ser modelo.
Es tan hermosa, que no puedo olvidarme de su madre en ningún instante. Pero no se puede hacer nada.
Hay muchas veces que me imagino como hubiera sido nuestra vida si no hubiera muerte aquel día, estaríamos juntos, supongo. Vivir en una casa grande y niños corriendo por la casa. Una familia enorme. Pero ya no puede ser. Aunque me hubiera gustado mucho.
-Hola familia.- dije al darles un abrazo a los padres de Bea y a los pequeños, que ya son todo unos galanes.
-Ei Eric, cuanto tiempo. ¿Cómo va todo por aquí?- habló el señor Velazquez.
-Muy bien, aquí estamos. Creciendo.- dije refiriéndome a Lidia y Daniel.
-Si, ya vi a mi nieta. Ya es toda una mujercita.- dijo al poner su mano sobre mi hombro.
-Hola a todos.- se escuchó decir a Ana que estaba bajando por las escaleras junto a Daniel.
Nada mas bajar se vino corriendo hacia mi para cogerlo.
-Y el campeón de la casa.- dije al darle un beso. El reía.
-Me alegra que estéis así de bien.- habló la madre de Bea. Nosotros sonreímos.
-Hay que vivir la vida.- dije.
Pasamos al jardín a comer. Estábamos en familia y felices. Nunca me encontraba así de bien.
Tenia a las mejores personas a mi lado y eso me gustaba.
FIN
Cap.13 Al final me di cuenta
Beatriz
Hablé con Aitana y me hizo muy bien. Dijo que intentará venir a visitarme un día de estos para charlar mas tranquilas. Me gusta tenerla como amiga, siempre que la he necesitado, ha estado allí, apoyandome en todo lo que necesitaba. Aunque a veces me arrepentía de no habérselo contado cuando me enteré. Si no que se tuvo que enterar por otros medios.
Pasaron los meses...
Fueron días muy difíciles, no hablaba con casi nadie. solo estaba saliendo al jardín y encerrada en mi habitación.
Pero hoy era el día, hoy tendría que volver a ver a Eric. Iba a venir a recogerme para llevarme al medico. Tocaba consulta. No estaba de mucho ánimo que digamos.
Si me vierais ahora, estaba con una barrigota, que tela. Ya en el noveno mes. Dentro de nada iba a nacer mi pequeña. Ganas enormes, pero es que había algo que me ponía un poco mal.. Ya no volví a ver a Joel. Creo que volvió a Alemania. No quera saber nada mas de mi. Que lastima, con lo que yo le quería, pero ya veo que el ya no quiere nada mas conmigo.
-Bea, Eric acaba de llegar, te espera en el coche.- dijo mi prima que entró en mi habitación.
-Voy.- me puse los zapatos, nada fácil y me bajé para abajo.
Al acercarme al coche lo vi que me estaba esperando. Se escuchaba la música. Yo entré sin saludar ni nada. El arrancó y nos fuimos para el hospital.
Durante todo el camino ninguno habló, tampoco sabríamos que decir. Pero creo que era lo mejor.
Llegamos y al entrar nos llamaron. Cuando me senté en la camilla donde otra vez iba a ver a mi niña, noté que Eric me cogió de la mano, iba a soltarle, pero no podía hacerlo. No se porque, pero no podía.
El medico me puso el gel frío y dentro de unos segundos vi a mi bebé. Ya era tan grande que quería que llegase el día de verla cara a cara.
-Todo esta en orden. Pero creo que será mejor que ya te instalemos en una habitación.- dijo después de limpiarme la barriga y sentarme en una de las sillas de su escritorio.
-¿Por qué doctor?- habló Eric, yo solo me limité a pensar si el medico tenia razón.
-Porque pronto será el parto. Y estaría mejor que ya esté en el hospital. Ya que venís de las afueras.
-Eso no importa. Me puedo quedar con mis padres en la ciudad.- hablé yo esta vez.
-Prefiero que te quedes aquí, Bea. Será lo mejor para todos.
No podía hacer nada, era quedarme si o si. Así que le hice caso y me instalaron en una habitación del hospital.
Por mi sorpresa Eric se pensaba quedar esa misma noche conmigo. Tenia que decirle que no, pero me vendría con lo mismo. Así que le tenia que dejar.
-¿Se te antoja algo?- dijo al fin. Ya el horrible silencio en la habitación se terminó.
-No, gracias. Todavía no tengo hambre.- esperaba sonar lo mas amable posible, porque ultimamente entre nosotros solo había peleas.
-Como quieras.- dijo al sentarse en el sillón que había en la habitación.
Pasaron varias horas y estaba de noche. No estaba cansada ni nada, y eso que me daban ganas de dormir, quería, pero solo cerrar los ojos, los abría en el mismo instante.
-¿Te pasa algo?- habló, ya que notó que no paraba de moverme en la cama.
-No.- dije al girarme hacia un lado, otra vez. Hace tan solo un momento que me di la vuelta y ahora volvía a girarme.
-Pues... no parece.- otra vez me giré y me quedé mirándolo.
-¿Por qué no vas a tu casa y me dejas sola? A lo mejor es por eso que no me puedo dormir, como dios manda.- el se me quedó mirando con una cara...
-No te pienso dejar sola, si es lo que piensas y quieres.- no había forma.
Al final me dormí, por fin.
Lo malo de la mañana siguiente es que aparecieron mis padres con mis tíos y mis primos. Estaban algo preocupados por la forma en la que me dijo el medico de que me tenia que quedar a partir de ya en el hospital. Y a la vez se sorprendieron, porque ninguno se lo imaginaba.
-¿Te encuentras bien, hija?- dijo mi madre al sentarse en la cama al lado mio.
Los demás estaban de pie menos Eric que seguía sentado en el sillón y todavía no se había ido a casa.
-Si mamá. Estoy bien. Será mejor que os vayáis a casa ya, me encuentro bien. No tenéis que estar aquí todos y todo el día, conmigo.- dije sonriendo y intentando convenciendoles para que se vayan ya a casa porque me estaban poniendo algo nerviosa.
-Como quieras.- dijo mi padre esta vez.
-Cuidate mi niña.- dijeron mis tíos al irse por la puerta.
-Nos vemos pronto, primita.- dijo Matias al ir tras sus padres. Mi prima me dio un beso y ella también se fue. Solo nos quedamos mis padres y Eric.
-Cuidala ¿si?- le dijo mi padre el asintió.
-Mejor que el también se vaya, quiero estar sola, tranquila. Y encima durmió aquí, estaría bien que vaya a descansar un rato en su casa.- espero que mi madre o mi padre le intenten convencer porque de verdad que quería estar algo sola.
-Eric, Bea tiene razón. Ve a descansar un rato y mas tarde vuelve si es lo que quieres.- habló mi madre. Ya era hora de que alguien se ponga en mi lugar.- Si quiere estar sola, que lo esté.
-Vale, como queráis.- mis padres me dieron un beso y se fueron, luego se fue el. Ahora si que estaba sola, que alivio.
Durante las horas que estaba sola pude pensar un poco sobre mi y mi bebé.
Eric se preocupaba por nosotras, y yo he sido muy mala con el en este ultimo tiempo. Le he tratado bastante mal y creo que será mejor pedirle perdón por mi actitud. Supongo que eran las hormonas de las embarazadas.
El era un buen chico, lo era de verdad. Y mi niña tenia suerte de tener un padre como el.
Pero lo único que no tengo claro es que, si siento algo por el. Es algo incomprensible. A lo mejor me gusta desde que nos hicimos mas amigos y no me había dado cuenta por culpa de que me enteré que había quedado embarazada y por Joel.
Hablando de el, es tan, tan... tan único. Me gustaba de verdad y lo quería. Pero ya se sabe que nunca mas habrá nada entre nosotros. Una verdadera lástima. El iba a ser el perfecto para mi.
Ahora estaba Eric, el único que ha estado conmigo. Puede que era solo porque estaba embarazada, pero a lo mejor no será solo por eso.
Entre mis pensamientos y yo no me di cuenta de que ya había llegado y estaba sentado al lado mio mirándome.
-¿Cuándo llegaste?- pregunté.
-Hace un rato. ¿En que estabas pensando?- yo lo miré raro. Tan rápido no puede venir, si se acababa de ir.
-En cosas, pero... ¿por qué llegaste tan pronto?- el alzó una ceja.
-Bea... ya son las siete de la tarde.- yo me quedé rayada. Habían pasado muchas horas y no me había dado ni cuenta. Ya estaba anocheciendo poco a poco.
-¿En serio?- el asintió.- Bueno pues, ya que estamos solos. Quería hablar contigo.- se quedó con una cara al escucharme decir eso, que nunca lo había visto así.
-¿Pasa algo?
-No, es que quería pedirte perdón.- dije al fin y sin irme con mas rodeos.- Siento haberte tratado tan mal en estos últimos meses. Sin poder dejarte aprovechar el tiempo que tu hija... que nuestra hija...- me corregí.- este aquí dentro.- dije al señalar mi barriga.
-No tienes porque pedirme perdón.- se acercó a mi y se sentó al lado mio en la cama.- Entiendo por el momento que te encontrabas, aunque no siempre.- dijo al soltar una carcajada, yo también me reí.- Pero si quieres mi perdón, te perdono.- sonrió.
-Eres muy buena persona ¿sabias?- dije con una sonrisa.
-Lo sé, pero gracias por decírmelo. Me alegro que seas la madre de nuestra hija, eres magnifica.- y ¡PUM!
Solo con decir eso me di cuenta de todo.
Era él.
Era la persona que tenia escondida dentro de mi pecho y sin darme cuenta. Era el que me gustaba, el que me importaba de verdad. Era el, el padre de mi hija, el que me había robado el corazón.
-¿Estas bien?- ni me di cuenta de que me estaba hablando.
Pero cuando me quedé mirándolo, sentí algo entre mi entre pierna. Era como si me acabase de mear.
-Eric.- dije nerviosa.- Creo que el bebé esta a punto de nacer.
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