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domingo, 3 de febrero de 2013

Epílogo





Eric



Entré en la sala del parto junto a Bea, no podría dejarla sola en estos momentos. Ella me necesitaba y yo la necesitaba a ella.

Me cogió de la mano y me dijo.

-Te quiero.- y me sonrió.

Creo que era mi mejor día.

No solo porque nacía mi niña, sino que ella por fin se dio cuenta de que me quería.

Le di un beso en la frente.



Tiempo después...



Al escuchar el primer chillido de mi niña, me empezaron a salir lágrimas de la alegría. Cuando al mismo instante el médico me la entregó para sujetarla. Era tan hermosa, se parecía a su madre.

Luego se la iba a entregar, pero el médico no me dejó. Dijo que diera la bebé a la enfermera y que me quedara distante de todo esto.

Puse mi mirada hacia Bea y vi que estaba muy pálida.

No le hice caso al médico y me acerqué a ella para volver a cogerla de la mano.

-Bea, mirarme.- abrió poco los ojos y pude ver su mirada tan distante, fría.- Tienes que aguantar.- intentó sonreirme pero no podía.

Puse mi mirada esta vez al médico, el solo puso una mirada que creo que significaba algo malo.

-¿Qué pasa? ¿Por qué se ve tan mal?

-Ha perdido mucha sangre.- pude escuchar que me dijo.

-Bea, se fuerte por favor.- volvía decirle cerca del oído para que me escuchara.- Haz lo por tu hija, te necesita.




Aitana



Nada mas que la madre de Bea me llamara al móvil me fui para el hospital.

Nacía su hija, y se que me necesita. También avisé a las chicas para que nos encontrásemos allí, porque se pondría muy feliz al vernos las cuatro juntas. Como si volviésemos al pasado y recordásemos viejos tiempo de cuando estábamos juntas, unidas.


Al llegar, nos encontramos con la demás familia de Bea en la sala de espera. Saludamos a todos y estábamos impacientes para que el médico saliese de esa puerta y nos diera la noticia de que podemos entrar a ver a nuestra campeona.




Eric


El médico seguía intentado incorporarla, pero nada. Le hablaba para que abriese los ojos pero no los abría.

-Bea, se fuerte, te lo pido.- de repente los abrió.

-Cuida a nuestra pequeña...- decía bastante lento, no podía hablar casi.- serás muy... buen padre. Lo sé.- tomó aire y pude ver como le caía una lágrima.- Os quiero.- y cerró otra vez los ojos.

-¡BEA! ¡POR FAVOR, BEA!

-No se puede hacer nada.- escuché que el médico me habló.

No podía haber pasado esto, mi Bea se fue. Me acaba de dejar con nuestra hija. Con una niña que acababa de nacer y que no ha podido ver ni abrazar. MI BEA SE FUE. Se fue para siempre.



Salí con el médico hacia la sala de espera para darles la noticia. Yo no sabia ni como mirarles a la cara.

Cuando salimos estaban todos impacientes. Sus padres, tíos, primos incluso habían venido sus amigas. Supongo que se les cambió la cara al ver la mía que estaba roja y mojada por haber llorado.

Se que es difícil decir que un chico acaba de llorar, pero así fue. La chica que mas quería y que era la madre de mi hija se murió. Eso jamás me lo imaginé.

Me paré al lado del médico.

-¿Como se encuentran las dos, doctor?- habló su madre.

-La niña está en perfectas condiciones.- fue lo único que dijo, luego me miró y no pudo seguir. A mi me volvieron a salir las lágrimas.

-¿Y mi hija? ¿Ella como esta?- esta vez habló su padre.

-Su hija...- tomó aire y continuó.- Su hija perdió mucha sangre en el parto.- volvió a tomar aire.- Siento mucho, pero no se podía hacer nada.- nada mas terminar con la frase pude ver sus caras o lo poco que se veía.

Unos lloraban, otros gritaban, otros se tapaban la cara, otros se caían al suelo y yo. Yo estaba apoyado en la pared, y resbalando me poco a poco hacia el suelo. No aguantaba como me estaba sintiendo. Era tan asqueroso todo esto.




Años después...



Todavía recuerdo el día que estábamos en el hospital y que Lidia perdió a su madre.

Ha crecido tanto después de entonces. Ya tenia unos diez años y dentro de dos meses cumplía los once.

Cuando la miraba, recordaba a su madre. Incluso siempre me pregunta por ella, siempre quiso conocerla, pero ha tenido la mala suerte de no poder.

-Papá, los abuelos acaban de llegar. Ana está en la habituación con Daniel.- dijo al asomarse al despacho donde me encontraba.

-Voy a saludarles, no me tardo.- ella sonrió y desapareció por la puerta.

Y os preguntareis quien es Ana y Daniel.

Ella es la mujer que me ayudaba a ser mas fuerte, que ha estado conmigo desde que quedé solo al cuidado de Lidia. Aunque reconozco que los padres de Bea, siempre han estado pendientes de Lidia. La quieren mucho y nos acaban de venir a hacer una visita.

Daniel, el es mi hijo. Que tiene tan solo dos años. Ya es todo un hombre, aunque cueste admitirlo. Se parece mucho a mi. Rubio y le salieron los ojos azules como los de su madre.

Tenia una familia estupenda. Y eso me gustaba.

Hace años que dejé de dedicarme a ser modelo. Y formé mi propia empresa de modelos. Me va demasiado bien, Lidia no para de decirme que de mayor le gustaría ser modelo.

Es tan hermosa, que no puedo olvidarme de su madre en ningún instante. Pero no se puede hacer nada.

Hay muchas veces que me imagino como hubiera sido nuestra vida si no hubiera muerte aquel día, estaríamos juntos, supongo. Vivir en una casa grande y niños corriendo por la casa. Una familia enorme. Pero ya no puede ser. Aunque me hubiera gustado mucho.

-Hola familia.- dije al darles un abrazo a los padres de Bea y a los pequeños, que ya son todo unos galanes.

-Ei Eric, cuanto tiempo. ¿Cómo va todo por aquí?- habló el señor Velazquez.

-Muy bien, aquí estamos. Creciendo.- dije refiriéndome a Lidia y Daniel.

-Si, ya vi a mi nieta. Ya es toda una mujercita.- dijo al poner su mano sobre mi hombro.

-Hola a todos.- se escuchó decir a Ana que estaba bajando por las escaleras junto a Daniel.

Nada mas bajar se vino corriendo hacia mi para cogerlo.

-Y el campeón de la casa.- dije al darle un beso. El reía.

-Me alegra que estéis así de bien.- habló la madre de Bea. Nosotros sonreímos.

-Hay que vivir la vida.- dije.

Pasamos al jardín a comer. Estábamos en familia y felices. Nunca me encontraba así de bien.

Tenia a las mejores personas a mi lado y eso me gustaba.



FIN

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